La interpretación, el entendimiento y la crítica resultante
(si la hay), son procesos (productos) que tienen límites, y por consiguiente,
sus alcances también. El desconocimiento (o negación) de estos límites evita
ponderar estos procesos y sus alcances de manera prudente.
Por ello creo que querer comprender el sentido “original” de
un texto, es decir, descubrir la idea en la mente del autor tras cada oración,
es ambicioso, por no decir pretencioso (y estéril, pero esto último es harina
de otro costal).
Aclaro que ésta es mi postura, y no la considero ni única ni
la mejor. Lamentablemente esta fuera de mis alcances poder decir de manera
determinista si es posible o no conocer el sentido “verdadero” de una obra.
Creo que la postura de que, en palabras de Borges, hay
tantas versiones de un libro como lectores, puede ser incómoda para algunos
lectores, porque nos obliga a transformarnos, como menciona Cortázar en
Rayuela, en lectores activos; así el fenómeno de la lectura depende de la
participación mental activa del lector, y no es un fenómeno preconfigurado que
se limite a transmitir ideas al lector.
Por desgracia, como es costumbre, los extremos estrangulan
el desarrollo de los procesos. Tan perniciosa es la postura que sostiene que hay una única
significación para un texto, y es la que
el autor “quiso decir”, aunque sea otra persona (no el autor) la que la da;
generalmente amparada en una preparación extraordinaria que le ha otorgado la
academia/experiencia/vida/cercanía-con-el-autor de la que carecemos los demás y
por lo tanto no podemos refutar aquella interpretación. Igual de dañina es la
postura radical que sostiene que no hay ninguna significación válida mas que la
del lector mismo; porque se corre el riesgo de desdibujar la participación del
texto mismo, convirtiéndolo (reduciéndolo) a una herramienta carente de otro
contenido que no sea el que uno desee.
Con este contexto he querido reflexionar sobre la estructura
de los textos que obligan a crear una interpretación que trasciende la
propuesta del autor. ¿Cómo es posible que un texto logre esto? Suprimiendo
propuesta alguna.
Ejemplificaré esto con la obra Rayuela de Cortázar; que
en una muestra de genialidad aborda la explicación de esta situación dentro de
ella misma.
“[..] la vida de los otros, tal como nos llega en al llamada
realidad, no es cine sino fotografía, es decir que no podemos aprehender la
acción sino tan sólo sus fragmentos eleáticamente recortados. No hay más que
los momentos en que estamos con ese otro cuya vida creemos entender, o cuando
nos hablan de él, o cuando él nos cuenta lo que le ha pasado o proyecta ante
nosotros lo que tiene intención de hacer. Al final queda un álbum de fotos, de
instantes fijos […] la vivencia de esas fotos, […] debía poner al lector en
condiciones de aventurarse, de participar casi en el destino de sus personajes.
Lo que él iba sabiendo de ellos por vía imaginativa, se concretaba
inmediatamente en acción, sin ningún artificio destinado a integrarlo en lo ya
escrito o por escribir. Los puentes
entre una y otra instancia de esas vidas tan vagas y poco caracterizadas,
debería presumirlos o inventarlos el lector, desde la manera de peinarse, si […]
no la mencionaba, hasta las razones de una conducta o inconducta, si parecía
insólita o excéntrica. El libro debía ser como esos dibujos que proponen los
psicólogos de la Gestal, y así ciertas líneas inducirían al observador a trazar
imaginativamente las que cerraban la figura. Pero a veces las líneas ausentes
eran las más importantes, las únicas que realmente contaban.”
Un libro con ésta estructura nos obliga a fabricar y dar una
significación inasible por el autor, y éste, y no su obra, es la herramienta para una idea*.
Aunque hay que cuidarse de no estar frente a una obra del tipo que también se
describe en Rayuela, una obra que ha “[…]
esperado que la acumulación de fragmentos cristalizara bruscamente en una
realidad total. Sin tener que inventar los puentes, o coser los diferentes pedazos
del tapiz, que de golpe hubiera ciudad, hubiera tapiz, hubiera hombres y
mujeres en la perspectiva absoluta de su devenir…”
A esta altura del escrito me gustaría que la pregunta en la
cabeza de los lectores fuera ¿Qué obra ofrece una experiencia así? Me encuentro
yo con la misma cuestión, por el momento les aseguro que Rayuela de Cortázar es una.
*Sobre este eje girará la parte dos de -Interpretando un texto- (si algún día se escribe)
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Complementando:
Platicando con una amiga, que sí es estudiosa de las letras, recibí una noticia que me produjo sentimientos encontrados: La idea expuesta en esta reflexión es materia de estudio para su gremio y está catalogada como "espacios indeterminados". Esto me produjo cierta alegría al saber que no es tan desatinada mi reflexión, pero acompañada de la pesadez de que heme aquí inventando el hilo negro.
Por eso reafirmo públicamente que mi interés es poder ofrecer un espacio de discusión y reflexión literaria para nosotros, los aficionados a la letras.
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No olviden dar su opinión sobre el tema ;)
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